viernes, 29 de febrero de 2008
Observamos, luego existimos.
Leandro es el tipo sentado en la mesa de la esquina. Dede que Alfred trabaja en "El rincón" lleva viéndole mañana tras mañana, día tras día, siempre a la misma hora y siempre sentado en el mismo sitio. Nieve, llueva o haga 40º siempre toma un chocolate caliente con churros para desayunar. Alfred es una persona observadora y aunque la rutina no requiera de esa virtud, a Alfred le encanta observar, y cada día para él es algo nuevo. Porque son los pequeños matices los que más detalles revelan. Por ejemplo el chico del pendiente, el que Alfred desconoce que se llama Marcos. Hoy no lleva el pelo engominado como suele y lo cubre con una gorra, viste un chandal y una chaqueta larga, que cubre tres cuartas de su gran cuerpo. Para un simple observador ese pequeño matiz no comunicaría nada. A Alfred eso le indica que la chica con la que estuvo ayer tomando café tres mesas más a la izquierda no tenía las mismas pretensiones que él. Por fin pensó que aquél chico tímido y solitario, como la gran mayoría de los que frecuentan los bares, había encontrado otra barra donde apoyarse. Pero el descuido estético que arrastra hoy, para Alfred significa la falta de confianza y por deducción fracaso amoroso. Aunque si le preguntáramos a Alfred, asombrados ante tal nivel de deducción, nos contaría que también le ha servido de ayuda el hecho de que el chico por primera vez en casi un año no se haya comido los dos donuts de chocolate que suelen acompañar a su café instantáneo con sacarina. Y lo que posiblemente guardara para él, como premio merecido a tantos años de observación, sería la conversación que ha oído hace diez minutos, en la que el chico intentaba autojustificarse el plantón del que había sido víctima.
Volvamos a Leandro. A Alfred le encanta observarle. Es el tipo más difícil con el que se ha encontrado en muchos años de camarero. Tan meticuloso, esa crispante delicadeza al sacudir el sobre de azúcar. Perfecto corte en la esquina del sobre y contadas vueltas de cuchara. Sorbo.Cuchara fuera.Sorbo. Lectura. Siempre el mismo periódico. La misma hora. La misma comida. Ni una fisura que deje su intimidad al descubierto. Una hermética rutina. Alfred le observa mientras friega los vasos sucios, esperando un error. Un error que le confirme las múltiples posibilidades que para él ha imaginado. Leandro gustosamente le contaría su historia, a qué se dedica. Y si le dejasen empezaría por principios del S.XX para desgranar sesuda y rigurosamente los acontecimientos que marcarían su infancia, como la ejecución de su padre en la guerra. Porque Leandro, Don Leandro, doctor en Historia o "Liando", como le llamaban en la escuela por su compleja berborerra, no tiene amigos con los que hablar desde que perdió a su mujer hará ya diez años. Desde entonces Leandro, ya jubilado, no hace otra cosa que observar.
El chico de la gorra ya se ha ido. Alfred se figura que al instituto; Siempre lleva libros. En un par de días volverá a comer sus dos donuts y marcarse una nueva conquista. Y si no , seguro que alguien le está esperando en casa para hacerle la vida un poco más fácil.
No como el hijo de la señora acodada, aunque deberíamos decir, acomodada en la barra a la vista de que exceptuando sus miembros inferiores el resto de su consumido cuerpo reposa en ésta, ayudada por los tres Vodka que paradójicamente la hacen olvidar y a la vez recordar; Recordar que quiere otro Vodka...Don Leandro se ríe de su ocurrencia. Todavía conserva la gracia. Si tuviera veinte años menos estaría disfrutando de la incontrolada risa de su mujer. Risa mucho más franca que la de esos jóvenes que están sentados en la mesa de detrás y a los que observa detrás del periódico. Que gran invento la prensa!. La de gente que iría absortos en sus problemas si no fuera gracias a ella, al rechazo que produce tanta aglomeración de desastres y a la protección que supone esos milímetros de hoja, como si de un cristal opaco se tratara. Cristal tras el que observar a los muchachos que insisten, como si de animales se trataran, en marcar su territorio, en tantear al que tiene al lado, en llamar la atención riéndose de cosas banales y desprovistas de cualquier ingenio; pero que posiblemente asegurarán unos minutos de silencio, a lo sumo jadeos una noche de estas. Leandro no les culpa y aunque su necesidad es menor también cambiaría una risa por un revolcón, por lo menos se ahorraría veinte euros.
Alfred sirve otro vodka a la señora de la barra. Y van cinco y este caso no podía catalogarse simplemente como un problema de amor. Así mañana tras mañana. No es que Alfred sieta pena, no, ya no, en su momento lo pensó; Pero en el fondo no está mucho más perdida de lo que están el resto. Rectifica. Casi con certeza es la que más centrada está. Tiene un objetivo marcado. Bien , a juzgar por como la miran todos los que se acercan a pedir a la barra podríamos pensar que es un objetivo equivocado. ¿Y qué?. Si al fín y al cabo el objetivo es el fin, que más da una vez llegues cual sea; El caso es que se ha acabado. Reflexiones demasiado profundas para un camarero, por observador que sea. En cualquier caso valoraciones muy distantes de la triste realidad y fruto más de la lástima o del deseo que de la razón.
Marta engulle su quinto vodka. Fuerzas renovadas. Cada sorbo es una bocanada de aire fresco que más allá de quemar en los pulmones arden en el hígado, pero tranquilizan su cabeza y sus pensamientos. Sorbo. Aunque entre trago y trago luchen por salir (¿o entrar?), malditos intrusos. Sorbo. Siempre la decían que beber ahoga los pensamientos.Sorbo.Difícil en una mente acorchada como la suya. ¿Qué hago aquí? Y más dificil aún cuando no tienes ningún tipo de control sobre ellos. Sorbo. Ahora está tranquila.Bonito lugar, es lo bueno de olvidar, todo parece nuevo. Soy la desgracia de la familia. Sorbo. Ahora mal, odio, tristeza. No soy nada,¿y qué?. Mejor que ese tipo asqueroso de la esquina que se cree que esto es el Palace, con su gabardina y sus modales inusualmente correctos. Sorbo. ¿Y el camarero?..., todo el día ahí limpiando vasos. Sorbo. Desmayo. Sorbo. Control. Llegó el momento deseado. Soy más duro que tú, sentirse Dios por un momento para más tarde caer en el infierno de la resaca. Más por la claridad con la que sufrimos la realidad que por el dolor corporal; A los que sus cuarenta kilos están acostumbrados.
Alfred le retira el vaso vacío a Marta y sabe que no va a tener que negarle el sexto por su estado, porque el quinto siempre es el último. Termina el último y arrastra sus problemas y sus pies fuera de allí, supone que en dirección a otro bar, porque no siempre empieza el día en "el rincón". Seguro que no tuvo una juventud tan alegre y tan fácil como los jóvenes de la mesa. Que por otro lado le dan bastante más problemas que "la rusa" como él la llama. No sólo por su aficción al vodka, de todos ustedes ya conocida, sino porque tras el primero su pronunciación queda más allá de los Balcanes.
Los jóvenes siguen riendo, aunque bajaron el tono porque Lucía se dió cuenta de que el señor de detrás, el del periódico, les miraba, supone, con cara de molesto. Demostración de lo importante que resulta la expresividad en la conducta humana y su correcto análisis. Y prueba de ello es la actividad febril que existe detrás de una cara que parece reflejar algo tan simple como el enfado. Esperemos que su interlocutor sepa analizar con corrección su gesto de deseo, que aunque natural, algo forzado por la situación. Y es que el tiempo pasa y aunque a sus 25 años ha tenido alguna que otra relación; si se le puede llamar tal a un par de actos (en menos de una parte) en la trasera de un coche que si algo tuvieron de bueno fue lo breve...Porque quien inventó ese dicho debió también de clavarse el enganche del cinturón en el culo durante cinco largos minutos. Decíamos que aunque ha tenido alguna que otra relación fugaz, debe de ir pensando ya en algo más serio y éste, el de enfrente, parece el chico adecuado. Posiblemente alla dejado escapar una risa en el momento más inoportuno. Que qué la ocurre pregunta!. Deberá tener más cuidado si no quiere poner en peligro el viaje de esta noche y con un poco de suerte no se acabará la gasolina tan pronto. Vaya otra sonrisa. Nada es que me estoy divirtiendo mucho, le dice a su interlocutor.
Don Leandro ha terminado su chocolate, el desyuno mas caro que le permite su pobre asignación. Como cada mañana se limpia minuciosamente la barba bajo la atenta mirada del camarero. Lleva viniendo aquí hace hoy justo un año y, aunque ese dato se le escapa, lo que si tiene claro es que nunca a cruzado una palabra con el camarero que no fuera referente a la labor de éste. No parece muy amable y más de una vez ha intentado comenzar un relación camarero-cliente-psicoanalista-gratis; Como la que vió ayer en aquella película en blanco y negro de cuando se hacía buen cine; Pero siempre terminó por echarse atrás. Y si fuera por él se quedaría más tiempo en aquella cafetería, pues había donde observar. Pero lo que a uno le gusta tomar no le gusta que se lo tomen y por causa de la atenta mirada del camarero, que de seguro se queja del tiempo que pasa allí con un simple chocolate de dos euros, abandona la cafetería. Ahora que la conversación entre aquellos dos jóvenes se estaba poniendo interesante. Aunque puede imaginarse el final; Por lo menos el inmediato. Leandro deja la servilleta sucia doblada en el lateral del plato y se levanta, no sin antes sonreir al ver a los dos jóvenes darse un beso. Y quiere la casualidad que justo en ese momento Leandro, Don Leandro, se lleve la mano a la entrepierna para acomodar sus ya inacomodables e inertes bolsas de la vida.
Y quiere también la casualidad que Alfred vea ese gesto y que su cabeza siempre preparada lo asimile como el gesto esperado, el error. Y asombrado, hace la consecuente asociación de ideas. Y pensar que hasta hace bien poco pensaba en él como un hombre de bien, de lo más interesante del local, aunque desgraciadamante nunca hayan cruzado una palabra.
Leandro decidido, al fín y al cabo ha sido un día interesante, se acerca a la barra. Pone los dos euros del chocolate encima y otros dos más para una copita de anís y unas palabras; Estas últimas más necesitadas.
Y como la casualidad conforma, a base de esos pequeños matices que decíamos al principio, lo que el hombre en busca de explicación, incapaz de asumir el lógico absurdo de la vida, llama destino. Pues quiso, por último, la casualidad que dos hombres ansiosos por encontrarse no lleguen nunca a cruzarse una palabra. Y como consecuencia que Leandro se quedara sin esa copita, que por otro lado no quería. Y que Alfred tuviera que negar por primera vez una copa, alegando que no servían copas por la mañana. Respuesta que incomoda a Leandro, que sale por la puerta de "el rincón" para no volver nunca más.
sábado, 23 de febrero de 2008
sólo, por fin sólo...y triste
Observo; no veo.
Quiero ir de observador, de visionario incluso y ni tan siquiera veo lo que ocurre delante de mi.
Ciego; a veces de furia, de odio otras veces y siempre ciego de ego.
Yo, yo, yo, yo.
Nada más que yo.
Una imagen en el espejo congelada por una eternidad.
Me la jugaron mientras no miraba. Para que nos vamos a engañar, el ser humano actúa a espaldas del público y aunque lo hiciese de frente no recibiría aplausos.
sólo. Otra vez. acompañado por mi ego. Quizá mejor así. Sólo en compañía.
Silencio.Silencio. Molesto silencio, ruidoso silencio.Nada bonito que decir, nada malo, que es peor. Nada. El resultado de la indiferencia, silenciosa indiferencia.
Envidia. Envidia de mis recuerdos, recuerdos de días mejores, que sin diferenciarse en nada de los de hoy, éstos son peores. Siempre lo son. Y lo serán.
Una mano lánguida acaricia mi mano. Sin convicción. La recorre en un movimiento gastado por la costumbre. Costumbre a la que ahora no me acostumbro. Costumbre que en un segundo se convierte en pasado; en recuerdo.
Otra vez sólo, sólo sin compañía
dic-03
Quiero ir de observador, de visionario incluso y ni tan siquiera veo lo que ocurre delante de mi.
Ciego; a veces de furia, de odio otras veces y siempre ciego de ego.
Yo, yo, yo, yo.
Nada más que yo.
Una imagen en el espejo congelada por una eternidad.
Me la jugaron mientras no miraba. Para que nos vamos a engañar, el ser humano actúa a espaldas del público y aunque lo hiciese de frente no recibiría aplausos.
sólo. Otra vez. acompañado por mi ego. Quizá mejor así. Sólo en compañía.
Silencio.Silencio. Molesto silencio, ruidoso silencio.Nada bonito que decir, nada malo, que es peor. Nada. El resultado de la indiferencia, silenciosa indiferencia.
Envidia. Envidia de mis recuerdos, recuerdos de días mejores, que sin diferenciarse en nada de los de hoy, éstos son peores. Siempre lo son. Y lo serán.
Una mano lánguida acaricia mi mano. Sin convicción. La recorre en un movimiento gastado por la costumbre. Costumbre a la que ahora no me acostumbro. Costumbre que en un segundo se convierte en pasado; en recuerdo.
Otra vez sólo, sólo sin compañía
dic-03
30 segundos...
1333 metros en 30 segundos conduciendo a 160 km /h. “despedida” no es la palabra exacta, pero es lo que más se aproxima.
El derrame cerebral, también llamado ataque o embolia cerebral, se produce cuando hay una interrupción del flujo de sangre en el cerebro. Incluso una breve interrupción en el suministro de sangre puede causar problemas.”huelga” no es la palabra exacta pero es la que más se aproxima.
Toda tu vida resumida en 30 segundos. “ avance informativo” podría ser adecuado.
Y lo peor; lo que nunca volveré a ver.
Impaciente.La espera me desepera.
Queremos ir cada vez más rapido. dejar todo atrás. quizá porque no disfrutamos del momento y cuando podemos hablar de él en pasado y verlo como un logro es cuando realmente disfrutamos de aquello, y, conocedores por experiencia de ésto, huimos hacia adelante dejando el presente en pasado a cada décima de segundo y computabilizándolo en nuestros marcadores vitales como éxito. Y al fin y al cabo lo es; Podemos decir que es algo superado y como tal un éxito.
Enciendes el ordenador y mientras carga todos esos programas que fueron presente y en el momento quedaron en pasado o quizá en futuro, porque siguen ahí esperando a que alguna vez lo uses, por no perder tiempo en la espera enciendes la psp que siempre tienes a mano y te hechas una partida. El juego empieza a cargar y tienes que esperar, asi que para no perder más tiempo esperando la espera de que se encienda el ordenador abres un libro de cuentos cortos que tienes en la mesilla y empiezas a leer...
Enciendes el ordenador y mientras carga todos esos programas que fueron presente y en el momento quedaron en pasado o quizá en futuro, porque siguen ahí esperando a que alguna vez lo uses, por no perder tiempo en la espera enciendes la psp que siempre tienes a mano y te hechas una partida. El juego empieza a cargar y tienes que esperar, asi que para no perder más tiempo esperando la espera de que se encienda el ordenador abres un libro de cuentos cortos que tienes en la mesilla y empiezas a leer...
sábado, 29 de septiembre de 2007
Todo empieza aquí...
Ayer me compré una libreta Moleskine.Esa libreta en la que dicen escribían los grandes. Desde Hemingway a Chatwin pasando por Picasso y Van Gogh.
A ver si se me pega algo debí pensar, o simplemente queda bien en mi bolso, no sé. Lo cierto es que llevo una temporada confuso. Deseo más que nunca escribir, en mi caso guiones, o realizar algín vídeo artístico de los que solía imaginar. Digo imaginar porque una vez que los había imaginado hacía como el maestro Hitchcock nunca volvía a verlos.
Total, recuento:
Años- 30
Éxitos 0
Siempre me recuerdo que Hitchcock hizo su primera película ya en la treintena,y que no fue hasta más tarde que obtuvo reconocimiento.Pero la maldita wikipedia no hace más que desmentir mi fe en él empeñándose en decir que fue a los 22.¿quizá lleve ya 8 años usándole como consuelo?. Se me ha vuelto a hacer tarde.
Todo este tiempo había funcionado y es que el hombre muchas veces acaba creyéndose sus propias mentiras y de esta forma consigue apaciguar su alma y colocarse en el común del resto de los mortales y sentirse así un poco menos desdichado.
A ver si se me pega algo debí pensar, o simplemente queda bien en mi bolso, no sé. Lo cierto es que llevo una temporada confuso. Deseo más que nunca escribir, en mi caso guiones, o realizar algín vídeo artístico de los que solía imaginar. Digo imaginar porque una vez que los había imaginado hacía como el maestro Hitchcock nunca volvía a verlos.
Total, recuento:
Años- 30
Éxitos 0
Siempre me recuerdo que Hitchcock hizo su primera película ya en la treintena,y que no fue hasta más tarde que obtuvo reconocimiento.Pero la maldita wikipedia no hace más que desmentir mi fe en él empeñándose en decir que fue a los 22.¿quizá lleve ya 8 años usándole como consuelo?. Se me ha vuelto a hacer tarde.
Todo este tiempo había funcionado y es que el hombre muchas veces acaba creyéndose sus propias mentiras y de esta forma consigue apaciguar su alma y colocarse en el común del resto de los mortales y sentirse así un poco menos desdichado.
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